Volando voy, que cantaba Soler a Chaves

No hay FITUR que se precie sin afirmación contundente del presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, de que el vuelo entre Sevilla y Almería está al caer (con perdón por la palabra). La promesa es siempre la misma, que en cuestión de unos meses "veremos" los avances. Y así nos quedamos viéndolo venir, pero no viene.

Pues en este FITUR ha ocurrido lo mismo y las milongas han vuelto a sonar, si bien tienen en esta ocasión un tono diferente. Es cierto que Chaves ha afirmado que el vuelo entre Almería y la capital de Andalucía tiene ya todos los permisos administrativos y que estará en funcionamiento en 2009, pero también es verdad que el consejero de Agricultura Martín Soler ha asegurado que sólo faltaba un papel… a ver en qué quedamos ¿está todo o falta uno?

Más allá de este detalle, lo importante es que hemos de reconocer que nos han venido tomando el pelo a lo largo de los últimos cinco años con este tema, ya que cada vez que ha habido elecciones o una nueva edición de FITUR, el establecimiento de la línea aérea era inminente… y no ha sido así como queda evidenciado.

Ahora las cosas han cambiado, y es que tenemos un consejero almeriense, que sabe lo que es darse buenas palizas de coche entre nuestra provincia y Sevilla, y eso para un parlamentario vale… pero todo un consejero... y toda una presidenta del Parlamento… hombre, eso sí que no. Esto no quiere decir que el vuelo sea innecesario, es necesario, y lo será más a medida que se asiente y tenga un precio competitivo, si bien lo más seguro es que sólo aquellos a los que no les duele el dinero, es decir los políticos que viajan a cargo del erario público, y los grandes empresarios de la provincia, se lo puedan permitir. Pero si tenemos en cuenta que Europa prohibe financiar o subvencionar a las aerolíneas, y que esta será deficitaria... pues complicado está el tema.

Otro de los aspectos sorprendentes de esta historia del vuelo con la capital, es que aún tenemos fresco en la memoria cuando al preguntar a Chaves y Soler por qué no volvíamos a tener noticias de este tema meses después de su reiterado anuncio, la respuesta de ambos, siempre, era la misma… se trata de un trabajo que tiene que hacer una empresa privada, y el Gobierno andaluz no tiene potestad para imponer a una empresa privada a dónde debe volar.

Eso ha sido válido hasta ahora, ahora resulta que sí, que si hay una compañía dispuesta a hacer este servicio es, principalmente, gracias al Gobierno andaluz. Esto resulta absolutamente contradictorio con el planteamiento que venían manteniendo. Y es que además, ese planteamiento era erróneo o falso, como quieran, porque por ejemplo, entre el gobierno de Cataluña y un grupo de empresarios catalanes, se han hecho con más del ochenta por ciento de Spanair, y por tanto pondrán la compañía al servicio de sus intereses. ¿Eso no podía hacerlo el Gobierno andaluz? Parece que no.

A la pregunta de quién hará el servicio entre Sevilla y Almería, la respuesta no es oficial, pero lo más probable es que se trate de una compañía a la que la Junta de Andalucía le había aportado enormes cantidades de cariño para tener vuelos desde Córdoba y ha tenido malos resultados económicos. Es muy posible que se aproveche esa situación un tanto desesperada para encargarle el cumplimiento de este compromiso político entre Almería y Sevilla.

Daikiri andalusí

La cosa prometía. Eso de que pudiéramos pasear por un "mercadillo andalusí" durante el fin de semana resultaba interesante, y más si a ese título le añadían "cristiano". El motivo es que por fin los organizadores de una cosa como esta se habían enterado de que en Al Andalus no era islámico todo lo que brillaba, y que efectivamente, se podía ser cristiano y andalusí, que no era incompatible, que en lo que fue aquel país había diversas etnias y religiones, y que todos ellos fueron las víctimas de la invasión castellana.
Y como la cosa prometía, allá que había mucho público dando vueltas y mirando, incluso comprando, a pesar del frío y el viento que recorría el Parque Nicolás Salmerón. Pero lo curioso es que nada más llegar el mensaje ya era confunso para visitante. Los vendedores, supuestamente vestidos de época, en realidad no iban a la usanza andalusí si no castellana, y entre los productos más comunes dispuestos para su adquisición había jamones y chorizos... como si los andalusíes tuvieran estos alimentos en su dieta. Podíamos encontrar espadas cruzadas y escudos con leones y castillos, todo de madera y para el juego de los niños, pero ni un sólo alfanje, ni un solo motivo con la media luna, ni un sólo banderín verde.
La cosa no quedaba ahí, ya que no podían faltar los "pulpeiros" de gallegos y los pizzeros de "no-sé- dónde", a los que los compañeros fotógrafos inmortalizaban una y otra vez... quizá por el descubrimiento que hacían en ese instante -como lo hacíamos todos- de que en Al Andalus se comía pulpo gallego y pizza italiana.
Vamos, que mercadilló sí que era, pero una tomadura de pelo también. Sólo en dos puestos podían degustarse dulces andalusíes y té, y precisamente sus dependientes no iban disfrazados de nada.
Que quieren hacer un mercadillo, pues que lo hagan, que quieren vender pulpo, pues que vendan, pizza, jamón, chorizo... pero que no confundan. No veo yo a Boabdil tomándose un daikiri, ni Aben Humeya con un mojito en las manos...
¿Que problema hay en llamar a las cosas por su nombre? Mercadillo y punto... y sin disfraces.