28F: El día en que Almería cambió la historia de España

El 28 de Febrero de 1980 Almería cambió la historia del Estado español. Si no llega a ser por el resultado del referendum por la autonomía que se produjo en esta provincia nada sería hoy como lo conocemos desde el punto de vista de la organización territorial.
Aquel día, después de un larga, dura e intensa batalla política, los andaluces tenían su destino en las manos por primera vez en muchos, muchos años. De los andaluces dependía acceder a la autonomía como vascos y catalanes, o hacerlo con el resto, que en realidad, al menos sobre el papel, lo único que hubiera supuesto es dilatar a lo largo de cinco años el acceso a la llamada "autonomía plena" en vez de asumirla automáticamente.
Después de un 4 de Diciembre en el que los diarios almerienses también reflejaban cómo las calles de la capital se llenaban la grito de "Andalucía Autonomía", llegaba la hora de la verdad. La hora de las urnas.
Si el resultado en Almería hubiera sido similar al del resto de provincias andaluzas, habríamos cumplido la exigencia legal y humillante que nos impusieron, pero no, las cosas dieron un vuelco radical.
Se impuso con la Constitución en la mano, que para acceder a la "autonomía plena", los síes debían suponer mayoría absoluta sobre el censo electoral en todas y cada una de las circunscripciones electorales. 
Con esa condición, por ejemplo, habríamos tenido que salir de la OTAN porque sobre 29 millones de votantes, los síes fueron 9 millones, el referendum de la Constitución Europea tampoco habría pasado ya que de más de 33 millones de llamados a las urnas no llegó a un tercio el voto favorable. Sólo la Constitución de 1978 y la ley para la reforma política hubiera superado ese escollo... y no del todo porque hubo territorios en los que ganó el no al sí.

Siete de las ocho provincias superaron el trámite, con sangre, sudor y lágrimas... y desgraciadamente las tres palabras están cargadas de realidad y emoción.
En Almería, hubo 119.550 votos a favor de la autonomía plena, y 11.450 en contra, y 12.527 en blanco. El resultado estaba claro. Los síes eran diez veces más que los noes, y eso suponía una muestra inequívoca de lo que querían los almerienses, que no era otra cosa que no perder el tren autonómico.
Pero también es cierto que Almería no había logrado que los votos a favor de la autonomía plena superaran la mitad del censo electoral.
Ahí se reveló como radicalmente injusta la ley, y cuando las leyes con injustas, hay que cambiarlas. Y eso fue lo que se hizo.
No podía ser que siendo tan abrumador el voto autonomista en Almería, la abstención bloqueara no ya lo que la inmensa mayoría de almerienses quería, si no que además bloqueara lo que la inmensa mayoría de los demás andaluces también querían.
El resultado de Almería fue el que le dobló el pulso al Estado, porque obligó a que quienes querían humillarnos imponiéndonos sus condiciones, al final tuvieran que arrodillarse y cambiar su ley para aceptar nuestra realidad. Si en esta provincia los síes hubieran superado más de la mitad del censo electoral como en las demás, hubiéramos ganado, cierto, pero lo habríamos hecho a su manera, a la manera dictada por ellos, pero gracias a Almería, fueron ellos quienes se doblegaron.

¿Y la abstención de Almería? ¿qué quería decir? En democracia, quien no vota, no vota y punto. Se pueden hacer interpretaciones, se puede elucubrar, pero la realidad es la que es, no vota quien no quiere o quien no puede.
Hay que recordar que en aquel referendum, Almería era una de las provincias andaluzas en las que sólo había medios de comunicación del Estado, a los que se les prohibió difundir propaganda sobre el referendum, y que era el propio Estado quien estaba en contra de la autonomía andaluza, que el partido del Gobierno estaba tan en contra hasta el extremo de pedir la abstención (¿quien con cierta edad no recuerda el repugnante slogan de ese traidor llamado Lauren Postigo "andaluz, este no es tu referendum" con el logo de la UCD?). 
Pero recordemos también cual era la realidad de esta provincia, abocada a una emigración brutal, que provocaba tener un censo falso, mucho más falso que en otras más urbanas, en el que estaban inscritas miles de personas que no vivían aquí, pero que a los efectos de este referendum-trampa eran votos en contra. Y es que el que quiso y pudo decir no, dijo no.

¿Y qué habría pasado si no se cambia la ley tras el resultado de Almería? Lo primero es que se habría condenado a un pueblo a sufrir una injusticia amparada por la Ley. Y lo segundo es que cinco años después hubiéramos tenido autonomía plena. También que aquellos territorios que se vieron beneficiados por esa reforma legal en todo el Estado habrían tenido que esperar como nosotros.

Lo que también es verdad, es que treinta y tantos años después, cabe preguntarse si valió la pena todo aquello. Creo que sí, porque aunque nos hayan secuestrado la ilusión, aún estamos vivos para la rebelión.





9 comentarios:

Mario López dijo...

Viva el incumplimiento de las leyes. Viva la vulneración del Estado de Derecho. Viva la ingeniería social.

Anónimo dijo...

Las reglas del juego eran que los noes, los votos en blanco y las abstenciones, computaban como noes, y el resultado es que hubo menos noes que síes, por lo cual se violentó la expresión democrática de los almerienses, y se ignoró nuestro resultado. Se tuvo que hacer fraude de ley para meternos en esa autonomía tan distinta y tan distante.

Nicolau Guillem dijo...

Distinguido Sr. Martos, con todos mis respetos no comparto su opinión de que acceder a una comunidad autónoma por el artículo 143, es decir por un número menor de competencias teniendo la posibilidad de ampliarlo a un máximo nivel al cabo de 5 años sea humillante. No creo que las Comunidades Autónomas, de Murcia, Valencia, Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid, etc., sean territorios humillados por haber accedido a sus autonomías por esta vía.

Cuando se plantea el sistema territorial que se quiere establecer en la nueva España que se estaba diseñando a finales de la década de los 70, se piensa en un sistema descentralizado con autogobierno territorial. Se parte de una situación nueva, en donde se están produciendo muchísimos cambios en la estructura del Estado, (cambios no deseados por todos, sobre todo por los que habían estado ostentando el poder hasta ese momento que eran partidarios del inmovilismo) por eso se dan dos caminos o alternativas para llegar a la Autonomía, la vía ordinaria del art. 143 y la vía especial del 151.

Ante las dificultades de implantación de estos nuevos sistemas, se entendió por las personas que diseñaron el modelo territorial, (yo creo que de buena fe) que como no se tenía experiencia en su aplicación, se necesitaba ser prudentes, había que ir familiarizándose con él lentamente, los tiempos eran difíciles, y se necesitaba mucha precaución.

Por eso se establecen las dos vías. La ordinaria, que tenía caractar general, que era la más precavida, con un menor número de competencias, que podían ser ampliadas al paso de cinco años y para los que se sintieran alumnos aventajados y quisieran asumir todas las competencias directamente sin pasar por esa moratoria temporal se les brindó otra oportunidad y se les puso la segunda vía el art. 151.

Esta segunda vía, que era especial, era más excepcional, se entendía que era más peligrosa dado que asumía más riesgos para todos, por eso se diseñó un camino más difícil, con un nivel de exigencias mayor, porque todos se jugaban mucho, no podía haber errores y había miedo. Todo estas normas y vías de acceso fue aprobado y ratificado por todos los españoles en referéndum al refrendar la Constitución, por una mayoría bastante holgada por lo que podemos decir que todos aceptaron que el sistema y las reglas para que el juego de la partida fuera así.

Nicolau Guillem dijo...

Entre las diferencias de sistemas que contempla la cosntitución para el acceso a la Comunidad Autónoma hay una que es que el que elegía la opción del artículo 151 (mayor número de comptetencias), tenía que realizar una serie de referéndums que en la vía del 143, no eran necesarios.

Por lo tanto la decisión de elegir la vía del art. 151 era una gran responsabilidad porque había que estar muy convencido de que se iba a obtener un resultado positivo sobre las exigencias que en ella se proponían, sobre todo porque el primer paso era que para que la iniciativa del proyecto autonómico triunfara se necesitaba que fuera ratificado por mayoría absoluta de los electores de cada provincia, y eso es mucha gente confiando en el proyecto que se les estaba proponiendo.

Cuando se propone el proyecto de autonomía para Andalucía por la vía del art. 151 todo el mundo sabía las reglas del juego. Las conocían; los políticos que propusieron elegir ese camino y los ciudadanos que tenían que ratificarlo. Nadie fue engañado, todo el mundo sabía que era lo que tenían que hacer. Los políticos debían de aprobar la iniciativa en las Diputaciones Provinciales, y en los municipios que representaran la mayoría del censo electoral, por un número mayor a los exigidos por la vía del 143 que era 2/3, en este caso por ¾, y así lo hicieron.

Los ciudadanos tenían que ir a votar masivamente por el sí, necesitaban el voto de la mayoría absoluta de los electores de cada provincia. Todos sabían lo que eso significaba, que si se abstenían o si no iban a votar, esos votos contaban en el recuento final como negativos y se sumaban a los noes, frente al sí, y por consiguiente ese sí no triunfaría y con ello, tampoco la iniciativa autonómica. La consecuencia era que no se podría continuar esa iniciativa autonómica, todo el mundo sabía cuál era su papel en la partida y cuales debían de ser sus movimientos.

La partida se celebró y le toco mover ficha a la provincia de Almería, sabiendo todo esto, su respuesta fue la de no ir a votar masivamente, es decir no se movilizó como era de esperar para dar un sí, no creyó en el proyecto, ejerció su derecho y se expreso como quiso, lo que sentía. Le tocó mover la ficha de ajedrez y decidió que su movimiento no fuera el de ir hacia delante como todo el mundo hizo y esperaba de ella, sino que se quedó en su posición sin moverse. Lo que hizo que aquí no triunfara el sí, decisión que afectaba a todos los andaluces, que no podían continuar su proyecto autonómico.

Cuando había que apechugar con las responsabilidades de haberse jugado todo a la vía más difícil, se decide no aceptar las consecuencias de nuestros actos; que viene a ser algo así como cuando nos lo jugamos todo a un examen en donde podemos aprobar o suspender, y suspendemos y no queremos aceptar que nos hayan suspendido. Como hemos suspendido, decidimos que no podemos aceptarlo y decidimos cambiar las reglas del juego a posteriori de jugar la partida porque no ha salido lo que queríamos. La falta de movimiento almeriense dejó a Andalucía en jaque mate, la partida se acaba y no estaban dispuestos a aceptarlo. Yo a esto creo que se le llama ‘hacer trampicas’.

¿Y llegados a este punto como se puede continuar con la iniciativa autonómica? Pues solo se les ocurrió una solución que pasa por ignorar lo que los almerienses han manifestado. Se inventaron una Ley Orgánica, y cambiaron las reglas a posteriori, se pasa de lo que han dicho los almerienses y punto. A mí esto sí que me parece humillante para el que se siente almeriense Sr. Martos, independientemente, de que sean simpatizantes del sí o del no en aquel proceso.

Si los almerienses dicen que sí en aquel referéndum, nuestra voluntad si hubiera contado, pero como no lo dijimos, nuestra voluntad no contó, y quedó al margen nuestra opinión, desde el punto de vista colectivo y social no creo que haya habido una humillación mayor en la historia reciente de Almería.

Nicolau Guillem dijo...

La cuestión importante para mí de todo esto es la pregunta de ¿Por qué Almería no voto que sí?, es la clave que no controlaron los políticos de aquel momento, fue algo que ignoraron, y que les causó tantos dolores de cabeza y que aún se sigue ignorando. Si uno hace un estudio de la estadística de cómo fueron los resultados vemos que en aquellos territorios donde el sentimiento de pueblo andaluz es menos intenso como Jaén, y Granada el sí salió muy ajustado, prácticamente quedo empatado con lo que contaba cómo no, y en donde históricamente no se habían sentido andaluces; -porque manifestaban ‘ir o venir de Andalucía’-; Comarca de Segura de la Sierra de Jaén; Comarca de Baza, Granada; y Provincia de Almería, fue donde definitivamente no salió el sí.

Las personas de la provincia de Almería que fueron a votar al referéndum en aquellos tiempos aún hablaban así del concepto Andalucía: “Cuando yo tenía veinticinco o veinticuatro años- nos comentaba una antigua segadora- estuve 4 o 5 años yendo a la Andalucía. Íbamos segando cuatro o 5 mujeres en la cuadrilla...”. La cita es recogida en Níjar en la obra DANIELLE PROVANSAL, PEDRO MOLINA, Campos de Níjar, Cortijeros y Areneros. Instituto de Estudios Almerienses, D.L. 1989, pág. 199. En ella vemos a como se maneja el concepto Andalucía como algo foráneo a Almería en este caso Níjar, de un grupo de personas que vivieron aquel referéndum, la pregunta es ¿Cómo participaron en un referéndum sobre una iniciativa autonómica para Andalucía, unas personas que dicen que viajaban a segar a Andalucía, cómo entendieron el proceso? Esto que es extensible a otros muchos lugares de la provincia pudo ser parte de la clave de que la gente no se movilizara a votar, sentían que aquello no iba con ellos porque ellos no eran andaluces y que aquella no era su partida, gente sencilla, que sin grandes escándalos vivieron aquel proceso de una manera discreta, a mi entender los grandes protagonstas ignorados en esta historia.

Gracias por su atención.

Anónimo dijo...

animo, sigue asi que con unos pocos de articulos mas como este y susanita te nombra reportero de la corte en canal sur.

Anónimo dijo...

verdades como puños viva almeria y viva andalucia libre!! desde el ejido

Rafael Martos dijo...

Señor Guillem: Permítamente que puntualice algunas de sus afirmaciones, agradeciéndole antes el respeto con el que se expresa y que es tan distinto de otros que tienen sus mismas ideas.
No digo que el 143 fuera una humillación para todos, pero sí para Andalucía ¿el motivo? pues que sólo fue Andalucía la que expresó en la calle -manifestación del 4 de Diciembre de 1977- su deseo de ser una autonomía al mismo nivel que Cataluña y País Vasco... 1977 está antes de 1978, que es cuando se aprueba la Constitución. Es contra el deseo autonomista andaluz con el que UCD, PSOE y AP (básicamente los dos primeros) pactan las condiciones de un referendum ideado sólo para nosotros. Por tanto las condiciones no eran inocentes, y no se recuerda en la historia -le invito a que busque incluso a nivel mundial- unas condiciones en las que se exija el sí en más del 50% del censo electoral.
Por otro lado ha de quedar claro que no se ha preguntado nunca jamás en la historia ni a los almerienses ni al resto de andaluces o a los españoles, si esta provincia es o debe ser andaluza. En todo caso, podría sostenerse que en Almería había menos interés autonomista, pero para nada puede asociarse eso a que no se sintiera andaluza.
Le pongo un ejemplo: el único partido que pidió el No o la abstención al segundo estatuto de Autonomía fue el PA... y sólo votó el 33% de los andaluces ¿el 66% de los andaluces no votó por ser andalucista? Pues no, igual fue un seis o un siete por ciento... pero bien podrían atribuírselo por ser los únicos que lo defendieron.
Sobre Almería, le aporto varios datos. Uno es que tanto en esta provincia como en Jaén y Granada sólo había prensa del Estado, que tenía prohibida la publicidad electoral, es decir, que los almerienses no pudieron ver ni un anuncio que les implicara en el referendum. Añada que quien gobernaba y era dueña de esos medios defendía la abstención... insisto, eran los únicos periódicos de Almería. Sume a eso la emigración que no estaba de baja en los censos y que en esta tierra era especialmente fuerte, añada la gente que figuraba en varios censos por haberse mudado y no darse de baja... Y ahora piense que el Sí debe ser más de la mitad de un censo inflado...
Respecto a lo que ocurrió después, pues sinceramente, me parece que cuando una ley es injusta hay que cambiarla, y es lo que se hizo. No podía admitirse desde un punto de vista democrático, que habiendo diez veces más sies que noes en Almería, toda Andalucía se quedara sin autonomía por el 151. Se buscó una salida lega y constitucional al desaguisado creado por los propios partidos.
Comenta lo de "ir a Andalucía"... hombre, eso sí que no es serio... como si en tal año Almería fue taifa... a ver, no me parece de recibo minusvalorar la historia de Andalucía como entidad consistente apuntillando dos o tres pequeños detalles, que además no hacen falta.
Y le digo que no hacen falta porque en lo que sí puedo coincidir con usted es en que Almería ha sido despreciada por el Gobierno socialista de la Junta de Andalucía, pero que los malagueños se quejan de lo mismo, y los jiennenses, y los sevillanos... cada cual con sus motivos y razones, y que como en e caso de Almería conozco estoy totalmente de acuerdo.
El problema no es el sistema autonómico, no es que Almería forme parte de Andalucía... el problema es que hemos tenido la desgracia de tener gobiernos como los que hemos tenido.
¿Por qué pasa esto en Almería?
Pues porque el PSOE siempre ha creado los gobiernos bajo un interés partidista, y si quiere en otro momento le expongo mi opinión al respecto, y el por qué cierto periódico les da alas a ustedes. Muchas gracias y a su disposición.

Anónimo dijo...

Pues haber votado que no coño, eso es lo que pasa cuando la gente no ejerce su derecho a voto, además los síes son más de diez veces los noes, no entiendo dónde está el problema, el que no quería unirse pues debería haber votado que no y no haberse quedado en casa dejando que los demás voten en su nombre.